La presencia de vestigios arqueológicos y urnas funerarias en el poblado de Agua Blanca, en Manabí, sugiere que data de siglos atrás, cuando se lo conocía como Salangome, un importante centro de intercambio entre la costa y el interior.
A inicios de los ochenta se encontraron allí interesantísimas piezas arqueológicas. La comunidad se involucró casi desde el inicio en las investigaciones, lo cual derivó en la continuada conservación de ese patrimonio histórico y su entorno. Hacia 1990 se construyó, con materiales locales, un museo de sitio en el cual predominan las piezas de la cultura manteña, pero también hay vestigios valdivia, machalilla, chorrera, bahía y guangala. El museo tiene maquetas y mapas que contextualizan la experiencia, y abarca cerámica, conchas, metales, huesos y varias urnas funerarias in situ.
Agua Blanca mantiene la propiedad comunal sobre la tierra, y una parte de sus pobladores se reconocen como descendientes directos de los manteños. Tanto la identidad de la gente como el turismo, del que vive la mayoría de las familias, se sustentan en gran medida en los hallazgos arqueológicos. Otro atractivo es la famosa piscina de aguas sulfurosas y medicinales. En Agua Blanca, los visitantes aprenden sobre arqueología, historia y ecología a través de los ojos de los habitantes de la comunidad.
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