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A su mujer la llevó a la casa y le dio
unas plantas para que abortara. Ella abortó
puras culebras. Cuando después de unas
semanas ella regresó a la chacra, vio
cómo los gusanos de la boa podrida se
transformaban en niños frente a sus propios
ojos y le decían “mamá,
mamá”.
Ya que había tenido relaciones con la
boa, pensó que podrían ser sus
hijos y los llevó hasta su casa y allí
los crió. Estos niños eran todos
de razas distintas, y de los dientes de la boa
sacaban artefactos que los huaorani nunca habían
visto: botas, machetes de metal y carabinas.
Cuando crecieron un poco, supieron por el canto
de la pava hedionda que su verdadero padre,
la boa, fue muerto por el marido de su madre.
Se organizaron entre ellos para vengarse y mataron
a su padre huaorani que los había criado,
ahumaron su carne y se la comieron. Luego robaron
las plantas de los huaorani y se fueron a vivir
río abajo. Esta es la historia del origen
de todas las razas, los que comieron a su papá,
los cohuodi. Todos los que no son huaorani
entran en esta denominación, excepto
los huebeca huaorani, que son otras personas
que viven como ellos, como la gente, en otros
lugares.
Los huaroani. Un pueblo guerrero que ha luchado
durante un siglo contra caucheros, soldados
y petroleros que asediaban su territorio, hoy
han aceptado de manera consciente la paz porque
es lo que todos ellos aman. Sin embargo, ahora
enfrentan su reto más difícil:
la inserción en la economía de
mercado y un contacto cultural despiadadamente
desigual. En realidad, el cambio ya ha comenzad
y se adueña de las nuevas generaciones:
cuando mueran estos viejos, sus hechos y costumbres
no quedarán más que en la memoria
de los que tuvimos la suerte de conocerlos.
En pocos años, este maravilloso pueblo
amazónico ya no será el mismo.
Sin duda, lo mejor que se puede hacer por los
huaorani es simplemente dejarlos solos. Ellos
saben cómo vivir y definitivamente no
necesitan la ayuda de nadie. Más programas
gubernamentales, carreteras petroleras, misiones
religiosas o asistencia de fundaciones, lo único
que logran es acrecentar el caos entre los huaorani,
no importa cuáles sean las intenciones.
Si la nación ecuatoriana tan solo pudiera
dejarlos vivir de la manera que hasta ahora
lo han hecho, creo que ellos se encargarán
de seguir siendo los pilares entre el cielo
y la tierra.
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