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Para
la intelección de esta nota científica
conviene que el lector distinga bien entre
sapo y renacuajo. Sapo es el nombre aplicado
a numerosos anfibios del orden de los anuros,
en especial a los de la familia de los bufónidos,
del género zoológico Bufo. Su
piel está sembrada de numerosas verrugas
y contiene glándulas venenosas. El
color varía con el hábitat;
los ojos son vivaces y poseen una gran pupila
negra horizontal. Los sapos son esencialmente
terrestres y de costumbres nocturnas.
Renacuajo
es el nombre común que se aplica a
las larvas de los anfibios del orden de los
anuros. Tienen el cuerpo ovoide, con cola
larga y deprimida. Luego de varios cambios
biológicos el renacuajo se convierte
en sapo o rana, dependiendo de su condición
social y de si la charca donde nada esté
en una escuela fiscal o en una universidad
particular. Al cabo de uno o dos años
alcanza la madurez sexual. En Ecuador se llama
a los renacuajos uishiuishis. La mayoría
de ellos no ha hecho la primera comunión
porque son budistas.
Establecida
la principal diferencia entre sapo y renacuajo,
esta nota científica se ocupará
a continuación de clasificar la gran
variedad de sapos del Ecuador (el país
más densamente sapificado del gran
continente sudamericano) y de reducir tanta
variedad a las cinco categorías siguientes:
sapos burocráticos, sapos empresariales,
sapos clericales, sapos militares y sapos
eróticos.
Los
sapos burocráticos se caracterizan
por su gran voracidad y por su pereza no menor.
Los más privilegiados de ellos forman
categorías autónomas llamadas
sapos burocráticos dorados. Una subespecie
de ellos es el conocido sapo cancionero inmortalizado
por los Chalchaleros: se pasan la vida cantando
y enamorados de la luna y cada mes reciben
un espléndido sueldo en dólares.
El vulgo los llama “sapísimos”.
Estos puestos dorados se heredan de padres
a hijos o se compran por crecidas sumas de
dinero o por una noche de amor. Últimamente
los amigos y parientes de cierto coronel color
sapo se han agregado a esta subespecie. Los
sapos empresariales pululan sobre todo en
la Costa ecuatoriana. No les gusta competir
con otros, evaden el pago del impuesto a la
renta y secretan jugos venenosos contra aquellas
autoridades que se empeñan en vano
en que paguen lo que deben y no se dediquen
tanto al contrabando. Es una clase de sapo
sumamente generoso con el dinero del Estado.
Les gusta la franja negra que hace juego con
la raya de sus ojos, y tienen alegres borracheras
en las playas. Son muy patrióticos
con la patria chica, se precian de tener destino
marinero y de que la única flor que
conocen es la rosa de los vientos. El pasatiempo
de estos sapos no era jugar al sapo sino devaluar
la moneda. Ahora, con la dolarización,
ya no pueden divertirse así. Dicen
que por este motivo andan deprimidos.
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el artículo completo en la edición
No 33 de ECUADOR
TERRA INCOGNITA |
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