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Biodiversidad
y futuro del Ecuador
Siendo tal vez el país con más
especies por unidad de área en el mundo,
resulta paradójico que nos empeñemos
en introducir especies que atentan contra esa
diversidad y contra el equilibrio que la sustenta.
No importa que los pinos y eucaliptos con que
cubrimos nuestra serranía erosionen los
suelos y acaben con las formas de vida únicas,
ni que la tilapia y la trucha estén desplazando
de su hábitat a cientos de especies en
nuestros ríos, y que causen desequilibrios
tan profundos que podrían ser una de
las causas de la desaparición total de
los otrora omnipresentes sapos jambatos. No
importa que se destruyan los bosques más
diversos del planeta para sustituirlos con una
sola especie: la palma africana, y que nuestra
vecina Colombia haya gastado millones de dólares
para erradicar la rana catesbiana de su territorio.
¿Por qué han tenido tanto éxito
estas empresas? ¿qué tienen todas
en común? Tal vez porque utilizan tecnologías
creadas en otros lugares, que no necesitan investigación
para implementarlas, pues resultan una manera
fácil de enriquecimiento, aunque sea
a costa del patrimonio común que constituye
la biodiversidad. No debe extrañarnos
que hayan calzado como anillo al dedo en el
país de la copia, la pereza y la irresponsabilidad.
Resulta insólito que no se tome en cuenta
como recurso importante para el país
su deslumbrante diversidad, con un valor estimado
en el mercado internacional de 20.8 billones
(millones de millones) de dólares, lo
que le podría significar al país
429 mil millones de dólares en regalías,
según un estudio realizado por Henry
Vogel, consultor del Banco Interamericano de
Desarrollo. Pero no todo el mundo es tan ciego.
Se están llevando a cabo estudios para
conocer la mejor manera de aprovechar los bosques
e inclusive hay varios proyectos productivos
experimentales. Gracias a estos estudios sabemos
que el sistema más eficiente para convertir
la energía solar en energía utilizable
para los humanos es el bosque húmedo
tropical. De hecho, el petróleo que se
extrae de la Amazonía es energía
acumulada por los bosques tropicales.
Un campo experimental de 60 hectáreas
de camu-camu (Myrciaria dubio), fruta que contiene
10 veces más vitamina C que cualquier
cítrico, en un bosque estacionalmente
inundado de la Amazonía produjo 10 mil
dólares al año, y se estima que
en condiciones ideales puede producir de 6 a
8 mil dólares por hectárea.
Existen lianas del género Favilea que
en la Amazonía son utilizadas como lámparas.
Se estima que si se reemplazan las lianas de
un bosque por las de este tipo, una hectárea
producirá igual cantidad de aceite que
una plantación de palma africana, dejando
al bosque en pie. Otro ejemplo muy iluminador.
Conocimientos
ancestrales, ciencia e imaginación, nos
pueden llevar a desarrollar nuevos productos
y nuevas formas de explotarlos. Formas que se
adapten a los requerimientos de sustentabilidad,
que recién aparecieron cuando hace unas
pocas décadas nos dimos cuenta de que
los recursos eran finitos.
Según estimativos confiables, el manejo
de la vida silvestre en el país para
la exportación estaría generando
divisas por varios miles de dólares anuales.
Todavía es una cifra muy baja, pero son
actividades en franco proceso de expansión.
Otra forma de aprovechar la biodiversidad de
manera sustentable es el turismo. El turismo
de naturaleza ha venido creciendo en el mundo
y. a pesar de la guerra con el Perú y
el fenómeno del Niño, parece que
seguirá haciéndolo en el Ecuador.
Si
conservamos nuestra naturaleza ahora, en el
futuro tendremos la posibilidad de, conociendo
mejor el bosque y con el desarrollo de nuevas
tecnologías, encontrar mejores formas
de aprovecharla. Si deforestamos los bosques
perderemos el valor de la opción a futuro.
No tendremos otra posibilidad, seremos un país
viejo, lleno de frustraciones.
La solución no está solamente
en sacarle el mayor provecho al bosque y hacerlo
máss eficiente. Es necesario decidir
hacia dónde queremos ir. Decidir si queremos
el modelo de los países desarrollados,
cuyo consumo energético es insostenible
si se extiende a todo el orbe o, por el contrario,
cambiar nuestro estilo de vida, repartir mejor
el acceso a los recursos y bajar la tasa de
crecimiento poblacional. Tenemos que decidir
si queremos un modelo que piense que la felicidad
está en vivir como los hombres del norte
o, por el contrario, uno que tenga como norte
la felicidad del hombre. Es un problema entre
ser o no ser honestos con el futuro.
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