Enero 1999
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Por Paúl Tufiño
Ilustración F.G.Wetisch

Alexander von Humboldt
continuación (4/4)

Ruta seguida por Humboldt durante su recorrido.

En el Perú, durante el transcurso de su lento viaje a lo largo de sus costas, tomó metódicas lecturas del flujo y temperatura de las corrientes marinas.

Sin darse cuenta había descubierto una corriente fría que era conocida por, cada pescador entre Chile y Cabo Pasado. El fue simplemente el primero en registrar medidas oceanográficas y examinar sus características. A pesar de sus protestas por no considerarse su descubridor, ésta vino a ser marcada en todos los mapas con su nombre, irónicamente el mejor monumento a su memoria.

Cuando viajaba hacia México, hizo escala en Guayaquil. En sus anotaciones correspondientes al 15 de febrero de 1803, relata que cuando se encontraba navegando a cuatro kilómetros de la costa, erupcionó el volcán Cotopaxi y pudo escuchar el sordo ‘boom’ de su atronadora despedida.

El 23 de marzo Humboldt y sus compañeros llegaron a Acapulco, de allí se dirigieron a la capital de México donde preparó una expedición que le llevaría por selvas y volcanes, hasta Veracruz. En esta ciudad se libró milagrosamente de la fiebre amarilla, que hizo estragos en la ciudad.

Finalmente, después de una estancia en La Habana, junto con Bonpland y Montúfar se embarcó rumbo a Filadelfia y de allí se trasladó a Washington, donde fue recibido por el presidente Jefferson. El 13 de agosto de 1804 culminó su viaje en Burdeos, Francia.

Posteriormente, el Barón Von Humboldt realizaría otras expediciones. Su espíritu lo llevó, ya sexagenario, a una nueva y peligrosa aventura junto con sus amigos Ehrenberg y Gustave Rose a través de Asia; llegaron a la China y regresaron, recorriendo una distancia de 18.500 kilómetros, casi la mitad de la circunferencia de la Tierra.

Cuando Humboldt culminó la redacción de su libro Cosmos, una síntesis del mundo físico, contaba con ochenta y nueve años. Concebía este libro como una carrera contra la muerte. Unos meses después de culminarlo murió en Berlín, su ciudad natal, el 6 de mayo de 1859.

Actualmente muchos de sus hallazgos y descubrimientos han sido olvidados, buena parte de sus hipótesis, desechadas y determinadas metodologías, perfeccionadas. Sin embargo, nos dejó un gran legado que trasciende el tiempo: los numerosos mapas de todas las regiones que exploró, un recuerdo valioso del paisaje que hoy hemos modificado; sus colecciones y descripciones detalladas de la flora y fauna de nuestro continente, que contribuyeron a su reconocimiento e investigación. Además, nos dejó una gran historia de aventura y tenacidad a través de que, aún hoy, continúa siendo una tierra desconocida.

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