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En
el Perú, durante el transcurso de su
lento viaje a lo largo de sus costas, tomó
metódicas lecturas del flujo y temperatura
de las corrientes marinas.
Sin darse cuenta había descubierto una
corriente fría que era conocida por,
cada pescador entre Chile y Cabo Pasado. El
fue simplemente el primero en registrar medidas
oceanográficas y examinar sus características.
A pesar de sus protestas por no considerarse
su descubridor, ésta vino a ser marcada
en todos los mapas con su nombre, irónicamente
el mejor monumento a su memoria.
Cuando viajaba hacia México, hizo escala
en Guayaquil. En sus anotaciones correspondientes
al 15 de febrero de 1803, relata que cuando
se encontraba navegando a cuatro kilómetros
de la costa, erupcionó el volcán
Cotopaxi y pudo escuchar el sordo ‘boom’
de su atronadora despedida.
El 23 de marzo Humboldt y sus compañeros
llegaron a Acapulco, de allí se dirigieron
a la capital de México donde preparó
una expedición que le llevaría
por selvas y volcanes, hasta Veracruz. En esta
ciudad se libró milagrosamente de la
fiebre amarilla, que hizo estragos en la ciudad.
Finalmente, después de una estancia en
La Habana, junto con Bonpland y Montúfar
se embarcó rumbo a Filadelfia y de allí
se trasladó a Washington, donde fue recibido
por el presidente Jefferson. El 13 de agosto
de 1804 culminó su viaje en Burdeos,
Francia.
Posteriormente, el Barón Von Humboldt
realizaría otras expediciones. Su espíritu
lo llevó, ya sexagenario, a una nueva
y peligrosa aventura junto con sus amigos Ehrenberg
y Gustave Rose a través de Asia; llegaron
a la China y regresaron, recorriendo una distancia
de 18.500 kilómetros, casi la mitad de
la circunferencia de la Tierra.
Cuando Humboldt culminó la redacción
de su libro Cosmos, una síntesis del
mundo físico, contaba con ochenta y nueve
años. Concebía este libro como
una carrera contra la muerte. Unos meses después
de culminarlo murió en Berlín,
su ciudad natal, el 6 de mayo de 1859.
Actualmente muchos de sus hallazgos y descubrimientos
han sido olvidados, buena parte de sus hipótesis,
desechadas y determinadas metodologías,
perfeccionadas. Sin embargo, nos dejó
un gran legado que trasciende el tiempo: los
numerosos mapas de todas las regiones que exploró,
un recuerdo valioso del paisaje que hoy hemos
modificado; sus colecciones y descripciones
detalladas de la flora y fauna de nuestro continente,
que contribuyeron a su reconocimiento e investigación.
Además, nos dejó una gran historia
de aventura y tenacidad a través de que,
aún hoy, continúa siendo una tierra
desconocida.
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